El queso crema es una de las elaboraciones queseras para untar más apreciadas y consumidas, inseparable de la marca Philadelphia en mercados como el español, siendo invención de un quesero estadounidense a finales del siglo diecinueve. No obstante, este producto puede encontrarse asociado a otros nombres y fabricantes (quescrem Mercadona, por ejemplo).
Este tipo de queso untable se obtiene con la mezcla de leche, nata y mazada o suero de mantequilla en distinta proporción; después, se pasteuriza la mezcla y se fermenta hasta alcanzar la consistencia y la concentración de nutrientes deseada.
Respecto a las propiedades del queso crema, sobresale su riqueza en proteínas, minerales y vitaminas del grupo A y D, sin mencionar la cobalamina, el fósforo o la escasez de sodio. En los envases, la sugerencia de presentación más común es la tostada o la galleta untada, pero este queso admite una mayor diversidad de usos reposteros y culinarios.
Por un lado, el queso crema se ha utilizado con éxito en patés de diversa naturaleza. En portales y revistas gastronómicas abundan recetas caseras del tipo «paté de jamón ibérico», «paté de nueces», etcétera, que utilizan este producto quesero.
En tartas y pasteles, el queso crema también campa a sus anchas, pero pocos conocen su utilidad en masas como la focaccia italiana. Incluso las tortillas francesa y de patata toleran, en recetas creativas, este queso en mayor o menor grado.
Por su parte, esta variedad de queso es uno de los ingredientes base de la célebre tarta de queso. Tampoco falta en coberturas y rellenos de cupcakes, galletas, tiramisús y otros postres.
Compatible con lo dulce y lo salado, el queso crema es un componente habitual en salsas de carnes y verduras. A menudo permite sustituir quesos como el parmesano en la salsa Alfredo y otras específicas para pasta, lo que habla positivamente acerca de su versatilidad.